EL APOCALIPSIS Y LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO

MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

INTERPRETACIÓN  CAPÍTULO III - VERSÍCULOS 1 - 6

“Escribe al ángel de la iglesia de Sardes: Así habla el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Yo sé lo que vales; te crees vivo, pero estás muerto. Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto. En realidad, delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras. Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta. Pues, si no estás despierto, vendré como un ladrón, sin que tú sepas la hora. Con todo, en Sardes quedan algunos que no  mancharon sus ropas; éstos me acompañarán vestidos de blanco, pues ellos lo merecen. El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la vida; más bien lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias”

Es una carta pastoral dirigida al obispo de la iglesia de Sardes de parte de Jesucristo, Nuestro Señor. Cristo se presenta a sí mismo como aquel que lleva en su interior la plenitud del Espíritu Santo: "Así habla el que tiene los siete espíritus de Dios". Cristo se presenta a sí mismo como aquel que tiene en sus manos el destino de las siete estrellas. Las siete estrellas representan a los obispos que son fieles a Dios, dirigiendo correctamente la Iglesia Católica en todo el mundo. Un obispo es fiel a Dios si es fiel al magisterio doctrinal de la Iglesia Católica. El magisterio doctrinal de la Iglesia Católica se encuentra reunido en el Catecismo Mayor escrito por San Pio X.

La expresión “Yo sé lo que vales; te crees vivo, pero estás muerto. Despiértate y reanima lo que todavía no ha muerto” se refiere al pecado como signo de muerte espiritual. Todo aquel que vive en pecado está muerto en vida. No importa que tan rico y opulento sea el hombre, no importa que tan famoso o poderoso sea el individuo, no importa que tan tranquilo y cómodo viva el ser humano, siempre que viva en pecado mortal estará muerto. La vida terrenal ha de ser ofrecida a Dios y al servicio del prójimo para así poder conquistar la eternidad. De nada sirve atesorar: Riquezas, placeres, comodidades, bienes, reconocimientos públicos, etc., si al final de la vida no se tienen obras que demuestren la pertenencia a Cristo Jesús, Señor Nuestro. Dios hoy te invita al arrepentimiento. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se arrepienta y viva. Hay más alegría en el Cielo por un solo pecador que se arrepiente que por 99 justos que no necesitan conversión. Así es, porque así está escrito:

“Traigan el ternero más gordo y mátenlo, comamos y alegrémonos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo he encontrado. Y se pusieron a celebrar la fiesta”
San Lucas 15, 23 - 24

En la antigüedad, la ciudad de Sardes era un gran centro textil en el cual se realizaban constantes intercambios comerciales entre pueblos persas y helenos. Hacia el año 334 a.C, esta ciudad fue asediada por Alejandro Magno. En el año 133 a.C, pasó a ser propiedad del imperio romano. Para la época en la cual San Juan escribe esta carta, Sardes era una ciudad muy rica y próspera, pero degenerada. Sardes estaba totalmente volcada hacia el placer y la sensualidad. Por tanto, no es extraordinario el reclamo de Nuestro Señor Jesucristo: “En realidad, delante de mi Dios encuentro muy imperfectas tus obras. Recuerda la enseñanza que recibiste; guárdala y cambia de conducta”. Cristo, hoy también, nos invita a la conversión. La conversión no es tarea, únicamente, para semana santa y navidad. La conversión es tarea de todos los días y de toda una vida. En el evangelio y en el magisterio de la santa Iglesia Católica hallarás todo lo necesario para alcanzar una auténtica y permanente conversión a Cristo Jesús, Señor Nuestro (consultar el Catecismo Mayor escrito por San Pio X).

A lo largo de los siglos, la Iglesia Católica no se ha esforzado demasiado en predecir el futuro de la humanidad a través de las profecías anunciadas en el antiguo y nuevo testamento. La Iglesia ha sido mucho más sabia y coherente. La Iglesia, fundada por Cristo Jesús, se ha detenido en lo fundamental ¿Y qué es lo fundamental? Lo fundamental es estar preparados en todo tiempo y lugar porque nadie sabe el día, ni la hora… Por más profecías que anuncien los medios de comunicación… Por más publicidad que se haga de las visiones de Nostradamus… Por más documentales que se realicen sobre las antiguas profecías mayas… Nadie, absolutamente nadie, puede profetizar: El día y la hora en los cuales tú vas a morir… Nadie puede predecir la fecha exacta del Día de la Ira de Dios… Nadie puede profetizar en que año volverá Cristo a la Tierra... Por eso, este es uno de los mensajes más importantes del Apocalipsis y de todas las sagradas escrituras: “Pues, si no estás despierto, vendré como un ladrón, sin que tú sepas la hora”. Cristo vendrá como un ladrón y te tomará cuentas de todo lo que hayas hecho en vida. Debes estar siempre preparado y en gracia de Dios. Solo un acontecimiento tienes seguro en esta corta existencia terrenal: Tu propia muerte. Si así son las cosas, vive permanentemente en gracia de Dios, como si este momento fuera tu último instante sobre la Tierra. Así es, porque así está escrito:

“Por eso, estén alerta; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que menos piensan”
San Mateo 24, 44

La expresión “Con todo, en Sardes quedan algunos que no  mancharon sus ropas; éstos me acompañarán vestidos de blanco, pues ellos lo merecen. El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la vida” es un mensaje de felicitación de Nuestro Señor Jesucristo a los pocos fieles al evangelio en la antigua iglesia de Sardes. Dios compara, en las sagradas escrituras, la apariencia del vestido que llevamos puesto con la apariencia de nuestro propio espíritu. Cuando vivimos en pecado estamos manchados interiormente y ya no somos templos del Espíritu Santo. No contristemos al Espíritu de Dios. Esforcémonos por permanecer en gracia de Dios y ser dignos de tomar parte en el banquete de bodas del Cordero, como está escrito:

“El rey entró después a ver a los que estaban sentados a la mesa, y se fijó en un hombre que no estaba vestido con traje de fiesta. Y le dijo: ‘Amigo, ¿cómo entraste aquí sin traje de fiesta?’ Pero el otro se quedó callado. Entonces el rey dijo a sus servidores: ‘Amárrenlo de pies y manos y échenlo fuera, a las tinieblas, donde no hay sino llanto y desesperación’ “
San Mateo 22, 11 - 13

Felices los que lavan sus ropas; disfrutarán del árbol de la vida y se les abrirán las puertas de la ciudad”
Apocalipsis 22, 14

El vestido blanco, del cual se habla en el pasaje apocalíptico que se estudia, hace referencia a la vida eterna en Cristo Jesús. Aquellos que purifican su interior, siguiendo la voluntad del Supremo Hacedor, se hacen merecedores del reino de Cristo que es un reino espiritual y eterno. El color blanco significa pureza. Solo los puros de corazón verán a Dios, como está escrito:

“Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios”
San Mateo 5, 8

En Dios se combina, de forma perfecta, el amor y la justicia. Dios siempre está dispuesto a perdonar nuestros pecados, sin embargo, nosotros no siempre pedimos perdón por todas nuestras faltas, ya sea por olvido, descuido, ignorancia o rebeldía. Dios no puede perdonar una determinada falta si no se le ha pedido perdón sobre ese asunto en particular. Dios es perfecto y nada imperfecto puede entrar en el Reino de los Cielos. Cuando alguien muere en pecado mortal es borrado, automáticamente, del “libro de la vida” porque Dios siempre espera hasta el último instante de la vida de cada ser humano para que esa persona se arrepienta, pero si no se arrepiente, Dios nada puede hacer, tal como está escrito:

“Yahvé respondió a Moisés: ‘Al que peca contra mí, a éste borraré Yo de mi libro’ “
Éxodo 32, 33

“Los muertos, grandes y chicos, estaban de pie ante el trono. Se abrieron unos libros, y después otro más, el libro de la vida. Entonces los muertos fueron juzgados de acuerdo con lo que está escrito en los libros, es decir, cada uno según sus obras
Apocalipsis 20, 12


"El vencedor vestirá de blanco. Nunca borraré su nombre del libro de la vida; más bien lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles"

Permanece en gracia de Dios para que siempre aparezcas en el libro de la vida y puedas tener vida eterna en Cristo Jesús, Señor Nuestro. El pasaje “lo proclamaré delante de mi Padre y de sus ángeles. El que tenga oídos, escuche este mensaje del Espíritu a las iglesias” nos recuerda, inevitablemente, la siguiente cita bíblica:

“Al que me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante de mi Padre que está en los Cielos”
San Mateo 10, 32

Nunca sientas pena ante los demás por ser un católico practicante. Nunca sientas vergüenza de proclamar a Cristo Jesús delante de los hombres. Jamás desaproveches una oportunidad de servir en tu parroquia como mensajero de la buena noticia del evangelio. Lleva siempre un rosario o un escapulario bendecido en el pecho como señal de auténtico cristiano. Promueve entre tus amigos y coterráneos: El rezo del santo rosario. Permanece obediente a los requerimientos de tu párroco y de tu obispo. Que todos sepan que eres de Cristo. Así, Cristo mismo te reconocerá ante el Padre Celestial. Entonces, tú habitarás en Cristo y Dios vendrá a ti y hará su morada en ti. Puedes creerlo porque así está escrito:

Jesús respondió: ‘Si alguien me ama, guardará mis palabras, y mi Padre lo amará y vendremos a él para hacer nuestra morada en él’ “
San Juan 14, 23

Señor Padre Todo Poderoso y Eterno permite la conversión de los pecadores de este mundo. Que siempre seamos dóciles a tus mandatos y al sacramento de la confesión para aparecer siempre en el libro de la vida y así obtener la vida eterna. Te lo pido por los méritos de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, quien vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

PRÓLOGO

ANTECEDENTES HISTÓRICOS E INTERPRETACIÓN

CAPÍTULO I - Versículos Uno al Tres: COMIENZO DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO I - Versículos Cuatro al Ocho: SALUDO A LAS IGLESIAS DE ASIA

CAPÍTULO I - Versículos Nueve al Once: PRESENTACIÓN DE JUAN A LAS IGLESIAS

CAPÍTULO I - Versículos Doce al Veinte: VISIÓN DE JUAN DE JESUCRISTO GLORIOSO Y RESUCITADO

CAPÍTULO II - Versículos Uno al Siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE ÉFESO

CAPÍTULO II - Versículos Ocho al Once: MENSAJE A LA IGLESIA DE ESMIRNA

CAPÍTULO II - Versículos Doce al Diez y siete: MENSAJE A LA IGLESIA DE PÉRGAMO

CAPÍTULO II - Versículos Diez y ocho al Veinte y nueve: MENSAJE A LA IGLESIA DE TIATIRA

CAPÍTULO III - Versículos Uno al Seis: MENSAJE A LA IGLESIA DE SARDES

CAPÍTULO III - Versículos Siete al Trece: MENSAJE A LA IGLESIA DE FILADELFIA

CAPÍTULO III - Versículos Catorce al Veinte y dos: MENSAJE A LA IGLESIA DE LAODICEA

CAPÍTULO IV: LA GLORIA DE DIOS PADRE TODO PODEROSO

CAPÍTULO V: LA ENTRADA DEL CORDERO A LA GLORIA DE DIOS

CAPÍTULO VI - Versículos Uno al Ocho: LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO VI - Versículos Nueve al Once: EL CLAMOR DE LOS SANTOS MÁRTIRES

CAPÍTULO VI - Versículos Doce al Diez y siete: EL DÍA DE LA IRA DE DIOS Y EL FIN DEL MUNDO

CAPÍTULO VII: LA MULTITUD DE LOS SALVADOS

CAPÍTULO VIII: EL TOQUE DE LAS CUATRO PRIMERAS TROMPETAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO IX: EL TOQUE DE LA QUINTA Y SEXTA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO X: LA PROCLAMACIÓN DE LA SANTA PALABRA DE DIOS

CAPÍTULO XI - Versículos Uno al Catorce: LOS DOS TESTIGOS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XI - Versículos Quince al Diez y nueve: EL TOQUE DE LA SÉPTIMA TROMPETA DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XII: LA MUJER Y EL DRAGÓN

CAPÍTULO XIII: LA BESTIA Y EL FALSO PROFETA

CAPÍTULO XIV: LOS CIENTO CUARENTA Y CUATRO MIL EN EL MONTE SIÓN

CAPÍTULO XV: LAS SIETE COPAS

CAPÍTULO XVI: LAS PROFECÍAS DE LAS SIETE COPAS DEL APOCALIPSIS

CAPÍTULO XVII: BABILONIA, LA GRAN PROSTITUTA

CAPÍTULO XVIII: LA CAÍDA DE LA GRAN BABILONIA

CAPÍTULO XIX: LOS CANTOS EN EL CIELO Y EL TRIUNFO DEL VERBO DE DIOS

CAPÍTULO XX: LOS MIL AÑOS Y EL ÚLTIMO JUICIO

CAPÍTULO XXI y CAPÍTULO XXII: LA NUEVA JERUSALÉN Y EL FINAL DEL APOCALIPSIS

LAS PROFECÍAS DEL FIN DEL MUNDO